El misterioso encanto del oeste riojano
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El misterioso encanto del oeste riojano

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OESTE RIOJANO. La provincia de los llanos y los dinosaurios esconde puelbos y paisajes de ensueño a lo largo de la ruta 40.

La intersección de las rutas 76 y 40 marcan un punto de inflexión en el oeste de La Rioja.

En todas las direcciones posibles hay puntos turísticos de interés: el Parque Nacional Talampaya y Pagancillo, hacia el sur; Villa Unión y sus localidades cercanas hacia el norte; Aicuña y Cuesta del Miranda hacia el este, y Vallecito Encantado y Guandacol hacia el oeste.

Sobre la Ruta Nacional 76, a medio camino entre Villa Unión y el Parque Nacional Talampaya, se encuentra la localidad de Pagancillo.

Sin dudas, es un lugar que merece la visita, presentándose como un pueblo pintoresco que se abre a los ojos del visitante como si estuviera detenido en el tiempo.

Gente trabajadora

La paz y la quietud que se respiran no deben engañar al visitante, ya que es un pueblo de gente trabajadora, con una producción interesante de vinos, dulces de tomate, higos, alcayota y muchas otras frutas en almíbar.

Sobre la calle principal algunos locales con productos regionales ofrecen además exquisitas piezas de talabartería y esculturas en piedra talladas a mano, con figuras de rostros y animales que impactan por su belleza.

A pocos kilómetros de Villa Unión, por la RN 76, aparece el cruce con la ruta nacional 40, tal vez la más famosa de todo el país.

Yendo hacia el este por “la 40”, el paisaje se hace cada vez más hermoso, con cardones que se erigen en gran cantidad, zorros que parecen menos tímidos y subidas y bajadas que hacen muy entretenida la excursión.

Transitados unos 50 kilómetros, un cartel sobre la ruta indica la entrada a Aicuña, localidad a la cual se llega tras hacer 10 kilómetros adentrándose en el cerro. En el camino, cardones, aves y nogales comienzan a dar la bienvenida a los visitantes.



Aicuña

Aicuña es uno de esos lugares a los cuales se va tal vez para curiosear o pasar el rato, pero que sorprenden con su belleza apenas comienza el ascenso por el cerro.

Desde hace unos años comenzaron con los proyectos turísticos más importantes, y actualmente cuentan con servicios de hotelería, gastronomía y cabalgatas por reserva al turista que visita la zona.

La única calle del pueblo está delimitada por pircados de piedra, y a sus lados se muestran las casas de adobe, el colegio y la Casa del Pueblo, donde se brinda atención e información al turista.

El turista es recibido con alegría y amabilidad, la típica hospitalidad de quienes desean que el visitante transmita a otros su fascinante experiencia de probar vino casero, dulces, empanadas y regionales en un pueblo rodeado de cerros y montañas.

Muchas casas particulares ofrecen estos productos, y en varias hay libros de firmas con elogios y agradecimientos en idiomas de lo más diversos, cada uno indicando el país y la ciudad desde la cual llegaron para conocer las bellezas del oeste riojano.

Tal vez esa sea la síntesis de lo que está viviendo Aicuña por estos días: dejando de ser un “secreto” para abrirse al turismo y develar la inmensidad de sus encantos.

Cuesta de Miranda

Saliendo de Aicuña y siguiendo en dirección al este, aparece la espectacular Cuesta de Miranda, un camino con curvas y contracurvas, subidas y bajadas y paisajes y colores que merecen la tapa de cualquier folleto turístico.

Recientemente renovada, la ruta ahora es más segura y se puede hacer como excursión desde Villa Unión sin inconvenientes.

Hacia el oeste

Si en la intersección entre la RN 76 y la RN 40 se va para el oeste por “la 40” en vez de para el este, los sitios a visitar no defraudarán a nadie.

Tan solo recorriendo unos cuantos kilómetros aparecerá un desvío para adentrarse en el Vallecito Encantado, excursión que se recomienda hacer con alguna agencia de viaje o guía local.

Como su nombre lo indica, este valle ofrece un escenario parece extraído de una película de ciencia ficción que ocurre en algún planeta perdido de la galaxia.

Las rocas emergen de la superficie con formas que exceden lo curioso, emulando copas, barcos, alguna una gran pelota de fútbol y todo lo que la imaginación permita.

Estas rocas estás constituidas por material sedimentario tipo areniscas solidificadas, que ante lluvias y vientos se disolvieron y adoptaron formas extrañas.

Lo cierto es que la naturaleza, sin pausa y sin prisa, durante millones de años fue siguiendo su curso y moldeando el paisaje entero hasta los resultados que se aprecian en la actualidad.

Este valle además ofrece unas vistas impresionantes del Cerro Famatima -de más de 6200 metros de altura- y de la Pre Cordillera.

Por eso es recomendable como mínimo pasar unas horas allí y contemplar la inmensidad del paisaje y la belleza de los colores.

Guandacol, otra visita imperdible

Partiendo del cruce entre la RN 76 y la RN40, yendo por esta última para el oeste, y a solo 40 kilómetros de Villa Unión aparece la entrada a Guandacol,.

Claramente identificada gracias al cartel, pero mucho más por el monumento al famoso caudillo Felipe Varela, quien vivió gran parte de su vida esta localidad, y de quien el departamento tomó el nombre.

Guandacol es una ciudad pujante, con gente de trabajo y productores de todo tipo, lo que la convirtió en la localidad más importante del Departamento.

Allí viven unas 5 mil personas, y es uno de los lugares más visitados por los turistas, muchos de los cuales van a conocer la casa donde vivió Felpe Varela, la Iglesia de San Nicolás (de finales del siglo XVIII, es la más antigua del Departamento) y el Olivo Histórico, que según cuenta la historia, dio sombra a las tropas del Ejército de los Andes que marchaban hacia Chile.

Historia viva

En Guandacol el presente y la historia se mezclan en cada rincón, y un ejemplo de ello es conocer a los artesanos que siguen trabajando los telares a la vieja usanza, en el telar criollo.

Tal vez el lugar más visitado para esto último esté en Santa Clara, una localidad muy cercana a Guandacol.

Allí está la Casona de Fajardo, propiedad de Nicolás Fajardo, un profesor de arte que se niega a que se olviden esas técnicas tradicionales para tejer y las muestra y enseña a quien quiera aprender.

La casona misma es una suerte de museo y está prácticamente igual a cuando se construyó, hace más de 100 años.

Los antepasados del profesor parecen estar presentes en cada prenda, cada poncho, cada cuadro, cada escultura, cada frazada y cada tapir que confecciona Nicolás.

El telar

Actualmente es una de las pocas personas en la provincia y hasta en el país que saben manejar a la perfección el telar criollo, y disfruta mostrándoles a los turistas y visitantes cómo era que se hacían las cosas tantas décadas atrás.

Sin embargo, la visita de los telares no está completa si no se pasa por Unay, una cooperativa de mujeres que además de tejer en telar criollo elaboran dulces y otros productos regionales, por lo cual es otro punto ineludible a la hora de pasear por Guandacol.

Patrimonio de la Humanidad

Tal vez lo más conocido de la provincia y el atractivo principal del oeste riojano sea el Parque Nacional Talampaya.

Declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en el año 2000, la cantidad de personas que lo visitan crece año tras año, y al llegar se entienden muy bien las razones

Flora y fauna autóctona, paleontología, geología, fotografía, antropología, historia, aventura, trekking y otras actividades y profesiones confluyen en este sitio.

Sus formaciones geológicas no dejan de asombrar por su diversidad, tamaño y colores, y más allá de las muchas opciones que hay para recorrerlo con las excursiones, da la sensación de que el tiempo siempre será insuficiente para poder gozarlo en plenitud.

 

Fuente: InfoNews

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