Un viaje en el tiempo entre volcanes y lagunas - Destino Norte
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Un viaje en el tiempo entre volcanes y lagunas

La provincia de Catamarca se convirtió en uno de los iconos ineludibles para un buen viaje de aventura por la amplia variedad de atractivos paisajísticos que ofrece sobre la Cordillera de los Andes en una región distinguida por la cantidad de volcanes, salares y lagunas a más de 4 mil metros de altura.

Desde la ciudad de Antofagasta de la Sierra, a unos 300 kilómetros de la Capital provincial, se desprenden un conjunto de excursiones a través de las cuales se descubren también extensos campos de lava, llanuras de piedra pómez y vestigios de la antiquísima cultural regional.

El acceso a la denominada Puna catamarqueña se realiza desde Belén a través de la Cuesta de Randolfo, un camino de curvas y contracurvas que asciende hasta los 4.800 metros de altura y muestra una panorámica de la Sierra Laguna Blanca.

Los viajeros pasan por una gran salina y una reserva de llamas y ñandúes hasta desembocar en una laguna en la que habitan flamencos, patos y teros. En los alrededores, se avistan los primeros picos volcánicos y poco a poco el desierto queda atrás.

Antofagasta de la Sierra es un tranquilo poblado con casitas de adobe, vicuñas y guanacos que pastan sin prisa y prolijos tejidos con los que los lugareños elaboran ponchos y prendas tradicionales que se comercializan en la Feria Artesanal y Ganadera de la Puna.

Una vez allí, todo estará listo para comenzar a experimentar las excursiones de aventura por la segunda zona de
altura más importantes del planeta después del Cordón del Himalaya.

Recorridos de la Puna catamarqueña

Unos cinco kilómetros al sur de Antofagasta, una de las excursiones es la que llega hasta la laguna del volcán La Alumbrera, cuyas aguas dulces son habitadas por flamencos rosados, patos y más de 25 especies endémicas de avifauna.

Entre las expediciones más vistosas se distingue la que llega hasta Laguna Blanca, declarada por UNESCO Reserva de Biósfera por las diversas especies de flora y fauna que alberga.

Desde allí se llega también hasta el Salar del Hombre Muerto, a unos 60 minutos de viaje desde Antofagasta de la Sierra. El lugar se encuentra a 4.200 metros sobre el nivel del mar y alberga unas pocas casas de pobladores que trabajan en la minas de litio y oro de la zona.

Los amantes del ecoturismo y los safaris fotográficos encuentran también la Laguna Grande, la cual alberga más de 18 mil ejemplares de parinas. Se trata de un Sitio Ramsar y uno de los humedales más importantes del mundo por ser el sitio más austral donde anida ese tipo de flamenco.

Desde Laguna Grande se accede a un camino que llega hasta el volcán Galán, el cual posee el cráter más grande del planeta con 40 kilómetros de diámetro. Una vez allí, se avista la Laguna Diamante y un río con agua termal.

De acuerdo a una investigación científica reciente se trata del ambiente más extremo que se haya conocido hasta ahora y que mejor recrearía las características inhóspitas de nuestro planeta hace más de 3.500 millones de años.

Para los más aventureros se recomienda tomar la Ruta Nacional 60 que lleva al Paso San Francisco, que separa de Chile; una travesía guiada en 4×4 a través de la Cuesta de las Lágrimas, a unos 3.900 metros de altura, donde se combinan las enormes dunas de arena y el hielo.

En el camino una de las paradas recomendadas es la Laguna Verde, rodeada de sal y habitada por flamencos rosados. Desde allí, el camino continúa hacia la Cuesta Brava que conduce a la base del volcán Pissis, el segundo pico más alto de América después del Aconcagua, con más de 6.800 metros y cinco cumbres eternamente nevadas.

La zona de los volcanes conocida como Los Seismiles permiten un avistaje del Inca Huasi de 6.640 metros, el Pissis de 6.882 y el Ojo del Salado de 6.864, uno de los más altos que se encuentra activo. Se suman también el Walter Penk, Nacimiento y Aguas Calientes, entre otros.

Al final del recorrido se encuentra el paraje La Gruta, donde hay un campamento de Vialidad Nacional y están las oficinas de Migraciones, a unos 21 kilómetros del Paso San Francisco.

Una alternativa fuera de la ruta de Los Seismiles es el Mirador del Pissis, al cual se llega por un desvío de tierra que nace luego del Paraje Pastor Largo. Esta excursión requiere de un día extra y un vehículo 4×4. En el camino se avista un sistema de lagunas llamadas Azul, Negra, Verde y Aparejos.

Un poco más al norte, otra de las excursiones es al salar de Antofalla, el cual mide 163 kilómetros y es el más largo del mundo. Se trata de uno de los lugares más inhóspitos e inaccesibles de la Puna.

Para los interesados en la arqueología catamarqueña está la excursión a Real Grande, desde donde se avistan paredes de lava volcánica de hasta 50 metros de altura con pictografías antiguas. En el camino se agrega también una caminata por el campo volcánico Los Negros que llega hasta unas ruinas y permite el acceso al volcán Antofagasta.

Apartados en Catamarca

Un poco más al sur de la Puna catamarqueña se suman al itinerario de aventura una serie de pueblitos, que se caracterizan por su encanto y la hospitalidad de su gente.

Una de las opciones recomendadas es Fiambalá, un poblado famoso por sus buenos vinos y por albergar un complejo termal totalmente preparado para ofrecer unos días de descanso, relax y renovación de energías.

Los piletones de diversas temperaturas que van de los 38 a los 54, están rodeadas de altas paredes de granito, y donde se puede visitar el Museo del Hombre, donde se exhiben momias de más de 500 años que fueron encontradas cerca de Loro Huasi.

Para los que buscan sumar aventuras más extrema, unos 25 kilómetros al norte a través de la Ruta 34, se llega a las extensas Dunas de Tatón, altas montañas de arena que se recorren en 4×4, cuatriciclos o tablas de sandboard.

 

Nota publicada por Telam

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